Posteado por: historybob | noviembre 18, 2008

Declaración de los derechos de la mujer.

1. DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DE LA MUJER Y DE LA CIUDADANA

 

 

PREÁMBULO

 

Las madres, hijas, hermanas, representantes de la nación, piden que se las constituya en asamblea nacional. Por considerar que la ignorancia, el olvido o el desprecio de Tos derechos de la mujer son las únicas causas de los males públicos y de la corrupción de 105 gobiernos, han resuelto exponer en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados de la mujer a fin de que esta declaración, constantemente presente para todos los miembros del cuerpo social les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes, a fin de que los actos del poder de las mujeres y los del poder de los hombres puedan ser, en todo instante, comparados con el objetivo de toda institución política y sean más respetados por ella, a fin de que las reclamaciones de las ciudadanas, fundadas a partir de ahora en principios simples e indiscutibles, se dirijan siempre al mantenimiento de la constitución, de las buenas costumbres y de la felicidad de todos.

En consecuencia, el sexo superior tanto en belleza como en coraje, en los sufrimientos maternos, reconoce y declara, en presencia y bajo 105 auspicios del Ser supremo, los Derechos siguientes de la Mujer y de la Ciudadana.

 

ARTÍCULO PRIMERO

La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos, Las distinciones sociales sólo pueden estar fundadas en la utilidad común.

II

El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la Mujer y del Hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y, sobre todo, la resistencia a la opresión.

III

El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación que no es más que la reunión de la Mujer y el Hombre: ningún cuerpo, ningún individuo, puede ejercer autoridad que no emane de ellos.

IV

La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece a los otros; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer sólo tiene por límites la tiranía perpetua que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón.

V

Las leyes de la naturaleza y de la razón prohiben todas las acciones perjudiciales para la Sociedad: todo lo que no esté prohibido por estas leyes, prudentes y divinas, no puede ser impedido y nadie puede ser obligado a hacer lo que ellas no ordenan.

VI

La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben participar en su formación personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, por ser iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según sus capacidades y sin más distinción que Ja de sus virtudes y sus talentos.

 

VII

Ninguna mujer se halla eximida de ser acusada, detenida y encarcelada en los casos determinados por la Ley. Las mujeres obedecen como los hombres a esta Ley rigurosa.

 

VIII

La Ley sólo debe establecer penas estricta y evidentemente necesarias y nadie puede ser castigado más que en virtud de una Ley establecida y promulgada anteriormente al delito y legalmente aplicada a las mujeres.

IX

Sobre toda mujer que haya sido declarada culpable caerá todo el rigor de la Ley.

X

Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; la mujer tiene el derecho de subir al cadalso; debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.

XI

La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos de la mujer, puesto que esta libertad asegura la legitimidad de los padres con relación a los hijos. Toda ciudadana puede, pues, decir libremente, soy madre de un hijo que os pertenece sin que un prejuicio bárbaro la fuerce a disimular la verdad; con la salvedad de responder por el abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley.

 

 

XII

La garantía de los derechos de la mujer y de la ciudadana implica una utilidad mayor; esta garantía debe ser instituida para ventaja de todos y no para utilidad particular de aquellas a quienes es confiada.

XIII

Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, las contribuciones de la mujer y del hombre son las mismas; ella participa en todas las prestaciones

personales, en todas las tareas penosas, por lo tanto, debe participar en la distribución de los puestos, empleos, cargos, dignidades y otras actividades.

XIV

Las Ciudadanas y Ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o por medio de sus representantes, la necesidad de la contribución pública. Las Ciudadanas únicamente pueden aprobarla si se admite un reparto igual, no sólo en la fortuna sino también en la administración pública, y si determinan la cuota, la base tributaria, la recaudación y la duración del impuesto.

XV

La masa de las mujeres, agrupada con la de los hombres para la contribución, tiene el derecho de pedir cuentas de su administración a todo agente público.

XVI

Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene constitución; la constitución es nula si la mayoría de los individuos que componen la Nación no ha cooperado en su redacción.

XVII

Las propiedades pertenecen a todos los sexos reunidos o separados; son, para cada uno, un derecho inviolable y sagrado; nadie puede ser privado de ella como verdadero patrimonio de la naturaleza a no ser que la necesidad pública, legalmente constatada, lo exija de manera evidente y bajo la condición de una justa y previa indemnización.

 

 

Epílogo

 

Mujer, despiértate; el rebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos. El poderoso imperio de la naturaleza ya no está rodeado de prejuicios, de fanatismo, de superstición y de mentiras. La antorcha de la verdad ha disipado todas las nubes de la necedad y de la usurpación. El hombre esclavo ha multiplicado sus fuerzas, ha necesitado recurrir a las tuyas para romper sus cadenas. Una vez libre, se ha vuelto injusto con su compañera. ¡Oh, mujeres! Mujeres, ¿cuándo dejaréis de estar ciegas? ¿cuáles son las ventajas que habéis recogido en la revolución? Un desprecio más marcado, un desdén más señalado. En los siglos de corrupción sólo habéis reinado sobre la debilidad de los hombres. Vuestro imperio se ha destruido; ¿qué os queda? La convicción de las injusticias del hombre. La reclamación de vuestro patrimonio, fundada sobre los sabios decretos de la naturaleza; ¿qué podríais temer por una tan hermosa causa? ¿la buena palabra del Legislador de las bodas de Caná? ¿Teméis que nuestros Legisladores Franceses, correctores de esta moral, largo tiempo colgada de las ramas de la política, pero que ya no está de moda, os repitan: mujeres qué tenemos en común vosotras y nosotros? Todo, podríais responder. Si se obstinaran en su debilidad, a colocar esta inconsecuencia en contradicción con sus principios, oponed valerosamente la fuerza de la razón a las vanas pretensiones de superioridad; reuníos bajo los estandartes de la filosofía; desplegad toda la energía de vuestro carácter, y pronto veréis estos orgullosos, ya no serviles adoradores rampantes a vuestros pies, sino orgullosos de compartir con vosotras los tesoros del Ser Supremo. Cualesquiera que sean las barreras que os opongan, está en vuestro poder el franquearlas; os basta con quererlo. Pasemos ahora al horrible cuadro de lo que habéis sido en la sociedad; y puesto que en este momento se trata de una educación nacional, veamos si nuestros sabios Legisladores pensarán sanamente en la educación de las mujeres.

 

Las mujeres han hecho más mal que bien. La coacción y el disimulo han sido su patrimonio. Lo que la fuerza les habría arrebatado, la astucia se lo ha devuelto; han recurrido a todos los recursos de sus encantos y lo más irreprochable no se les resistía. El veneno, las armas, todo les estaba sometido; mandaban tanto en el crimen como en la virtud. El gobierno francés, sobre todo, ha dependido durante siglos de la administración nocturna de las mujeres; el excusado no tenía ningún secreto para su indiscreción; embajada, mando, ministerio, presidencia, pontificado, cardenalato; en fin todo lo que caracteriza la necedad de los hombres, profano y sagrado, todo ha sido sometido a la codicia y a la ambición de este sexo antiguamente despreciable y respetado, y desde la revolución respetable y despreciado.

 

En esta especie de antítesis, ¡cuántas observaciones puedo ofrecer!, sólo tengo un momento para hacerlas, pero este momento tendrá la atención de la posteridad más remota. Bajo el antiguo régimen, todo era vicioso, todo era culpable; pero ¿no podría apercibirse la mejora de las cosas en la substancia misma de los vicios? Una mujer sólo debía ocuparse de ser bella o amable; cuando poseía estas dos ventajas, veía cien fortunas a sus pies. Si no las aprovechaba, tenía un carácter extravagante, o una filosofía poco corriente que la llevaba al rechazo de las riquezas; entonces era únicamente considerada obstinada; la más indecente se hacía respetar con oro; el comercio de las mujeres era una especie de industria recibida en la primera clase, que desde ahora no tendrá ya crédito. Si todavía lo tuviera, la revolución estaría perdida, y bajo nuevas relaciones estaríamos siempre corrompidos; sin embargo ¿puede la razón disimular que cualquier otro camino hacia la fortuna está cerrado para la mujer que el hombre compra como al esclavo en las costas de África? La diferencia es grande, lo sabemos. La esclava manda al amo: pero si el amo le da la libertad sin recompensa y a una edad en la que la esclava ha perdido todos sus encantos ¿qué será de esta infortunada? El juguete del desprecio; incluso las puertas de la beneficencia le serán cerradas; es pobre y vieja, dicen; ¿por qué no ha sabido hacer fortuna? Otros ejemplos todavía más conmovedores se ofrecen a la razón. Una joven sin experiencia, seducida por un hombre a quien ella ama, abandonará a sus padres para seguirle; el ingrato la dejará después de algunos años, y cuanto más habrá envejecido con él, más su inconstancia será inhumana; si tiene hijos, también la abandonará. Si es rico, se creerá dispensado de compartir su fortuna con sus nobles víctimas. Si algún compromiso lo liga a sus deberes, violará la potestad esperándolo todo de las leyes. Si está casado, cualquier otro compromiso pierde sus derechos. ¿Qué leyes quedan, pues, por hacer para extirpar el vicio hasta en las raíces? La ley de la partición de las fortunas entre los hombres y las mujeres, la ley de la administración pública. Fácilmente se concibe que aquéllas que han nacido en una familia rica ganen bastante con la igualdad de las particiones. Pero aquélla que ha nacido en una familia pobre, con méritos y con virtudes ¿cuál es su suerte? la pobreza y el oprobio. Si no destaca precisamente ni en música ni en pintura, no puede ser admitida en ninguna función pública, cuando ella tendría toda la capacidad para ello. No quiero dar más que una idea general de las cosas, las profundizaré en una nueva edición de todas mis obras políticas que me propongo dar al público dentro de algunos días, con notas.

 

Retorno a mi texto en lo referente a las costumbres. El matrimonio es la tumba de la confianza y del amor. La mujer casada puede dar impunemente hijos bastardos a su marido y la fortuna que no les pertenece. La que no lo es, no tiene más que un derecho endeble: las leyes antiguas e inhumanas le impedían el derecho al nombre y los bienes de su padre para sus hijos, y no se han hecho nuevas leyes sobre esta materia. Si intentar dar a mi sexo una consistencia honorable y justa, es considerado en este momento una paradoja por mi parte, y como intentar lo imposible, dejo a los hombres que vendrán la gloria de tratar esta materia; pero en la espera podemos prepararla por medio de la educación nacional, la restauración de las costumbres y las convenciones conyugales.

Posteado por: historybob | noviembre 13, 2008

OLIMPIA DE GOUGES (1748-1793)

Su nombre verdadero era Marie Gouze, considerada una de las precursoras del feminismo. Nacida en 1745, Montauban, hija de un carnicero y una lavandera, se casó con un anciano rico. Tras quedarse viuda, quedó con dinero suficiente para mantenerse a sí misma en Paris desde 1788, viviendo de los precarios ingresos que obtuvo como escritora. Pobremente educada, su gramática, ortografía y caligrafía dejaban mucho que desear y sus escritos tendían a ser demasiado prolijos y  ampulosos. Pese a sus sostenidos esfuerzos, no consiguió ser una autora de éxito. Escribió numerosas obras teatrales, además de novelas y opúsculos político-sociales, y dirigió el periódico   L’ Impatient. Fundó la Société populaire de femmes.
Ridiculizada por su franco y obstinado feminismo, sus tempranos intentos de organizar a las mujeres, su manifiesto rupturista por los derechos femeninos y despreciada como traidora a la revolución por oponerse a la pena de muerte contra el rey Luis XVI y su familia, se convirtió en un objetivo del Terror jacobino.
Prolífica escritora política, se manifestó claramente contra la represión jacobina y contra
Robespierre y Marat. Acusada de ser una realista reaccionaria fue guillotinada en 1793.
Sin embargo, las obras de Olimpia de Gouges fueron a la vez profundamente feministas y revolucionarias. Exaltada por las ideas de la Revolución Francesa, publicó en septiembre de 1791 un manifiesto titulado La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, tomando como modelo la Declaración de 1789, y aplicándolo de manera exhaustiva a las mujeres, escribió el, hasta entonces, más brillante y radical alegato en favor de las reivindicaciones femeninas.
Gouges reclamó un trato igualitario de la mujer con respecto al hombre en todos los aspectos de la vida, públicos y privados: el derecho de voto, de ejercer cargos públicos, de hablar en público sobre asuntos políticos, de igualdad de honores públicos, de derecho a la propiedad privada, de participar en el ejército y en la educación e, incluso, de igual poder en la familia y en la iglesia.

Posteado por: historybob | septiembre 28, 2008

¡Comenzamos!

Muy buenas a todos/as [!!!!!!!!]

Este tremendísimo blog de historia tan interesante esta hecho por los alumnos de 4ºB de la E.S.O del colegio San Juan Bosco!! :

Carmen Ruiz del Río!!!!!

Julián Molina Rubio!!!!!

Mauricio Martín Martínez.

 

 


Categorías